Devoción Divina Misericordia

Diario de Santa María Faustina Kowalska

Diario de Santa María Faustina Kowalska

La Fiesta de la Misericordia

 

De entre todas las formas de la devoción a la Divina Misericordia reveladas por Santa Faustina, ésta es la que tiene mayor importancia.  El Señor Jesús habló por primera vez del establecimiento de esta Fiesta en Plock en 1931, cuando comunicó a Santa Faustina su deseo de que pintara la imagen:  “Deseo que haya una Fiesta de la Misericordia.  Quiero que esta imagen que pintarás con el pincel sea bendecida con solemnidad el primer domingo después de la Pascua de Resurrección; ese domingo debe ser la Fiesta de la Misericordia”.  (Diario, 49)

La elección del primer domingo después de la Pascua de Resurrección para la Fiesta de la Misericordia, tiene su profundo sentido teológico e indica una estrecha relación entre el misterio pascual de redención y el misterio de la Divina Misericordia.  Esta relación se ve subrayada aun más por la novena de coronillas a la Divina Misericordia que antecede la Fiesta y que empieza el Viernes Santo.

La fiesta no es solamente un día de adoración especial de Dios en el misterio de la misericordia, sino también el tiempo en que Dios colma de gracias a todas las personas.  “Deseo – dijo el Señor Jesús – que la Fiesta de la Misericordia sea un refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores (Diario, 699).  Las almas mueren a pesar de Mi amarga Pasión.  Les ofrezco la última tabla de salvación, es decir, la Fiesta de Mi Misericordia.  Si no adoran Mi misericordia morirán para siempre” (Diario, 965).

Las promesas extraordinarias que el Señor Jesús vinculo a la Fiesta demuestran la grandeza de la misma.  “Quien se acerque ese día a la Fuente de Vida – dijo Cristo – recibirá el perdón total de las culpas y de las penas” (Diario, 300).  “Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia.  Derramo todo un mar de gracias sobre aquellas almas que se acercan al manantial de Mi misericordia;  (….)  que ningún alma tenga miedo de acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata” (Diario, 699).

Para poder recibir estos grandes dones hay que cumplir las condiciones de la devoción a la Divina Misericordia (confiar en la bondad de Dios y amar activamente al prójimo), estar en el estado de gracia santificante (después de confesarse) y recibir dignamente la Santa Comunión.  “No encontrará alma ninguna la justificación – explicó Jesús – hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia y por eso el primer domingo después de la Pascua ha de ser la Fiesta de la Misericordia.  Ese día los sacerdotes deben hablar a las almas sobre Mi misericordia infinita” (Diario, 570).

La coronilla a la Divina Misericordia

El Señor Jesús dictó esta oración a Santa Faustina entre el 13 y el 14 de septiembre de 1935 en Vilna, como una oración para aplacar la ira divina (vea el Diario, 474 – 476).

Las personas que rezan esta coronilla ofrecen a Dios Padre “el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad” de Jesucristo como propiciación de sus pecados, los pecados de sus familiares y los del mundo entero.  Al unirse al sacrificio de Jesús, apelan a este amor con el que Dios Padre ama a Su Hijo y Él a todas las personas.

En esta oración piden también “misericordia para nosotros y el mundo entero” haciendo, de este modo, un acto de misericordia.  Agregando a ello una actitud de confianza y cumpliendo las condiciones que deben caracterizar cada oración buena (la humildad, la perseverancia, la sumisión a la voluntad de Dios), los fieles pueden esperar el cumplimiento de las promesas de Cristo que se refieren especialmente a la hora de la muerte:  la gracia de la conversión y una muerte serena.  Gozaran de estas gracias no solo las personas que recen esta coronilla, sino también los moribundos por cuya intención la recen otras personas.  “Cuando la coronilla es rezada junto al agonizante – dijo el Señor Jesús – se aplaca la ira divina y la insondable misericordia envuelve al alma”  (Diario, 811).  La promesa general es la siguiente:  “Quienes recen esta coronilla, me complazco en darles todo lo que me pidan (Diario, 1541, (…….) si lo que me pidan esté conforme con Mi voluntad”  (Diario, 1731).  Todo lo que es contrario a la voluntad de Dios no es bueno para el hombre, particularmente para su felicidad eterna.

“Por el rezo de esta coronilla – dijo Jesús en otra ocasión – me acercas la humanidad (Diario, 929).  A las almas que recen esta coronilla, Mi misericordia las envolverá en la vida y especialmente a la hora de la muerte” (Diario, 754).

www.haciadios.com Hora de la MisericordiaLa Hora de la Misericordia

En octubre de 1937, en unas circunstancias poco aclaradas por Santa Faustina, el Señor Jesús encomendó adorar la hora de su muerte:  “Cuantas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete en Mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero y, especialmente, para los pobres pecadores, ya que en ese momento, se abrió de par en par para cada alma” (Diario, 1572).

El Señor Jesús definió bastante claramente los propios modos de orar de esta forma de culto a la Divina Misericordia.   “En esa hora – dijo a Santa Faustina – procura rezar el Vía Crucis, en cuanto te lo permitan tus deberes; y si no puedes rezar el Vía Crucis, por lo menos entra un momento en la capilla y adora en el Santísimo Sacramento a Mi Corazón que esta lleno de misericordia.  Y si no puedes entrar en la capilla, sumérgete en oración allí donde estés, aunque sea por un brevísimo instante” (Diario, 1572).
El Padre Rózycki habla de tres condiciones para que sean escuchadas las oraciones de esa hora:

  1. La oración ha de ser dirigida a Jesús.
  2. Ha de ser rezada a las tres de la tarde.
  3. Ha de apelar a los valores y méritos de la Pasión del Señor.

“En esa hora – prometió Jesús – puedes obtener todo lo que pidas para ti o para los demás.  En esa hora se estableció la gracia para el mundo entero:  la misericordia triunfó sobre la justicia”  (Diario, 1572).

www.haciadios.com Divina MisericordiaLa propagación de la devoción a la Divina Misericordia

Entre las formas de devoción a la Divina Misericordia, el Padre Rózycki distingue además la propagación de la devoción a la Divina Misericordia, porque con ella también se relacionan algunas promesas de Cristo.  “A las almas que propagan la devoción a Mi misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas el Juez, sino el Salvador Misericordioso” (Diario, 1075).
La esencia del culto a la Divina Misericordia consiste en la actitud de confianza hacia Dios y la caridad hacia el prójimo.  El Señor Jesús exige que “sus criaturas confíen en El”  (Diario, 1059) y hagan obras de misericordia:  a  través de sus actos, sus palabras y su oración.  “Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes.  No puedes dejar de hacerlo, ni excusarte, ni justificarte” (Diario, 742).  Cristo desea que sus devotos hagan al día por lo menos un acto de amor hacia el prójimo.

La propagación de la devoción a la Divina Misericordia no requiere necesariamente muchas palabras pero sí, siempre, una actitud cristiana de fe, de confianza en Dios, y el propósito de ser cada vez más misericordioso.  Un ejemplo de tal apostolado lo dio Santa Faustina durante toda su vida.

Puedes leer aquí el Diario de Santa María Faustina Kowalska: La Divina Misericordia en mi alma 

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